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A la hora de rehabilitar un edificio, ¿qué gastos surgen?

Cuando te planteas rehabilitar un edificio, lo primero que suele aparecer no es la ilusión, sino una mezcla de dudas y cierto miedo, sobre todo económico, porque no creo que nadie piense que rehabilitar un edificio sea barato.

Sabes que es una decisión importante, probablemente necesaria, si el edificio tiene ya demasiados años, pero también intuyes que detrás hay muchos números, muchas partidas y más de una sorpresa. Lo normal es preguntarte cuánto va a costar de verdad, no en teoría, sino cuando la obra empiece a avanzar y los imprevistos llamen a la puerta.

Entender bien los gastos antes de empezar no elimina el riesgo, pero sí te coloca en una posición mucho más sólida para tomar decisiones con criterio y evitar sustos innecesarios.

 

Evaluar el estado real del edificio

Antes de pensar en obras, materiales o acabados, hay un gasto que es inevitable y, además, muy recomendable. Se trata de conocer el estado real del edificio. Aquí entran los estudios previos, las inspecciones técnicas y los informes que permiten saber qué está bien, qué está regular y qué directamente hay que intervenir sí o sí.

Este análisis inicial es la base sobre la que se construye todo el presupuesto posterior. Saltárselo o hacerlo de forma superficial suele acabar saliendo muy caro. Normalmente, este tipo de estudios supone un pequeño porcentaje del coste total, pero su valor es enorme porque evita decisiones a ciegas.

Además, en muchos municipios es obligatorio presentar ciertos informes para poder solicitar licencias, así que no es un gasto opcional y, desde luego, no es algo que debas pasar por alto si no quieres llevarte ciertas sorpresas desagradables en el futuro.

 

Licencias, permisos y tasas, que es lo que más quebraderos de cabeza da

Rehabilitar un edificio implica pedir licencias, pagar tasas municipales y cumplir con una normativa que, en algunos casos, es bastante exigente. Estos costes no se ven, no se tocan, pero están ahí y conviene tenerlos muy claros desde el principio para evitar problemas más adelante. Muchas veces se les resta importancia, pero pueden condicionar el ritmo de toda la obra.

Dependiendo del tipo de intervención, el importe puede variar bastante. No es lo mismo una rehabilitación parcial que una intervención profunda que afecte a la estructura, la fachada o los elementos comunes del edificio. Cada ayuntamiento aplica además sus propios criterios, lo que obliga a revisar bien la documentación necesaria.

Aquí también entra el factor tiempo, porque los retrasos administrativos son habituales y pueden acabar teniendo impacto económico si la obra se alarga más de lo previsto y se encadenan esperas innecesarias.

 

Demoliciones y retirada de residuos

En muchos edificios antiguos, antes de construir hay que desmontar, porque los tabiques en mal estado, las instalaciones obsoletas y los revestimientos ya no sirven, o incluso los elementos estructurales necesitan ser sustituidos. Todo eso hay que retirarlo con cuidado y cumpliendo la normativa, lo que implica personal especializado y medios adecuados. No es un simple “tirar y listo”: se debe hacer de forma que se minimicen riesgos, se proteja el entorno y se facilite el tratamiento posterior de lo que sobra.

La retirada de escombros y residuos no es barata, y además está muy regulada a nivel estatal. En España, por ejemplo, existe el Real Decreto 105/2008, de 1 de febrero, sobre la producción y gestión de los residuos de construcción y demolición, que fija obligaciones claras sobre cómo deben gestionarse estos residuos, incluyendo planes de gestión y la obligación de entregarlos a gestores autorizados o tratarlos adecuadamente. También está la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, que exige que los residuos se clasifiquen y se manejen de forma separada según su tipo para favorecer su reutilización o reciclaje.

En edificios con problemas serios, esta partida puede crecer más de lo esperado, sobre todo si aparecen materiales que requieren un tratamiento específico o si es necesario aplicar técnicas de demolición selectiva para separar apro­­piadamente cada tipo de residuo y cumplir con la ley.

 

La estructura debes tenerla muy en cuenta

Si hay un apartado que suele llevarse una parte importante del presupuesto, ese es el estructural. Refuerzos en cimentación, muros de carga, forjados o vigas son intervenciones complejas que requieren experiencia y una ejecución muy precisa.

Cuando un edificio presenta daños estructurales, el gasto aumenta, pero también lo hace la seguridad y la vida útil del inmueble. Intentar ahorrar es una mala idea: una estructura bien hecha es la base de todo lo demás, y cualquier fallo puede multiplicar los costes en el futuro.

 

Instalaciones

Electricidad, fontanería, saneamiento, calefacción y climatización. En la mayoría de rehabilitaciones, las instalaciones existentes no cumplen con la normativa actual o están claramente desfasadas. Renovarlas suele ser obligatorio y, además, muy recomendable.

Este apartado es uno de los más caros, pero también de los más agradecidos a medio y largo plazo. Unas instalaciones nuevas mejoran la seguridad, reducen consumos y evitan averías constantes. Aunque al principio supongan un desembolso importante, suelen compensar con el tiempo, especialmente en edificios destinados a uso residencial continuo.

 

Fachadas, cubiertas y envolvente del edificio

La piel del edificio es clave, tanto por protección como por confort. Fachadas deterioradas, cubiertas con filtraciones o cerramientos poco eficientes generan problemas constantes. Intervenir en estos elementos suele ser una de las decisiones más inteligentes dentro de una rehabilitación.

Aquí entran trabajos como la reparación de grietas, la mejora del aislamiento, la sustitución de cubiertas o la renovación de carpinterías exteriores. Son actuaciones visibles, pero su impacto va mucho más allá de lo que se ve, porque influyen directamente en el bienestar de quienes viven dentro y en el mantenimiento futuro del inmueble.

 

Accesibilidad y elementos comunes

En muchos edificios, sobre todo los más antiguos, la accesibilidad no se tuvo en cuenta y puede perjudicar a las personas de mayor edad o a las que no tienen muy buena movilidad. La instalación de ascensores, rampas o la mejora de accesos es cada vez más habitual y, en algunos casos, obligatoria. Estas intervenciones tienen un coste elevado, pero también suponen un salto importante en calidad de vida y valor del edificio.

Además del ascensor, entran en juego portales, escaleras, descansillos y otros espacios comunes que, tras la rehabilitación, suelen necesitar una puesta al día. Es una cuestión de comodidad y de seguridad y, además, un cumplimiento normativo.

 

Acabados interiores

Suelos, pinturas, revestimientos, techos y carpintería interior suelen asociarse a la parte final de la obra, pero no por ello son menos importantes. Aunque a veces se consideran secundarios frente a otros trabajos, influyen mucho en la durabilidad y el mantenimiento posterior.

Elegir bien aquí no significa irse siempre a lo más caro, sino a lo más adecuado para el uso real del edificio. Materiales resistentes, fáciles de mantener y bien colocados evitan problemas a corto plazo y reducen gastos futuros.

 

Materiales y mano de obra

Una rehabilitación no se sostiene solo con buenos materiales ni solo con buena mano de obra, necesitas ambas cosas. Los materiales representan una parte importante del presupuesto, y su calidad marca la diferencia con el paso del tiempo. Invertir en soluciones duraderas suele ser una decisión sensata.

La mano de obra, por su parte, puede llegar a ser uno de los costes más altos. Profesionales cualificados, con experiencia en rehabilitación, trabajan mejor, cometen menos errores y cumplen plazos con mayor fiabilidad. Ahorrar aquí suele traducirse en retrasos, repasos y gastos añadidos que nadie quiere asumir.

 

El asesoramiento especializado es un gasto que no debes pasar por alto

No solo para dirigir la obra, sino para ayudarte a priorizar, ajustar partidas y tomar decisiones con cabeza cuando el presupuesto aprieta.

Desde Fernando Antón, expertos en arquitectura técnica en Alicante desde 1999, suelen insistir mucho en la importancia de definir bien el alcance de la rehabilitación antes de empezar. Según su experiencia, muchos sobrecostes aparecen cuando se inicia una obra sin un proyecto claro y sin haber previsto posibles escenarios, y en eso es en lo que te ayuda un asesor especializado: te permite anticiparte y no improvisar sobre la marcha.

 

Mantener el control del presupuesto

Una planificación detallada, con partidas bien definidas y un margen para imprevistos, es fundamental. Comparar presupuestos, asegurarte de que todos incluyen lo mismo y revisar cada modificación con calma te ayuda a no perder el control.

También es importante asumir que no todo se puede hacer a la vez. Priorizar seguridad, estructura e instalaciones suele ser lo más sensato. Otras mejoras pueden esperar, y no pasa nada por dejar ciertas actuaciones para una fase posterior si el presupuesto no llega a todo.

 

Rehabilitar un edificio es preparar el inmueble para los próximos años

Cosas como mejorar el aislamiento o renovar las instalaciones parecen simples, pero marcan una gran diferencia a largo plazo. Si sabes qué gastos tendrás, la rehabilitación deja de ser un problema y se convierte en algo más claro.

No es barato, pero con una buena planificación, un edificio viejo puede quedar mucho más seguro y duradero, lo que al final te ahorra dinero.

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